
(Extracto de una conferencia dictada en la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP)
En el año 1977, el periodista colombiano Daniel Samper se encontraba realizando un estudio de postgrado en Estados Unidos.
Contagiado por la fiebre que habia despertado el escandalo del caso Watergate, Samper pensó que en su Colombia natal bien podía desarrollarse una prensa como la norteamericana: independiente, critica e investigativa.
Lo que decía Samper por entonces era lo siguiente: “Los colombianos estan buscando a alguien para que escuche las denuncias sobre la corrupcion que se ve todos los dias”.
Samper, por ese entonces, era corresponsal de “El Tiempo”, el diario más importante de Bogotá y escribía para ese diario una columna que se llamaba “El Reloj”. En esa columna, el periodista podía hacer un comentario sobre los goles de su equipo de futbol, al mismo tiempo que se quejaba por las desfachateces de su gobierno.
Entre los mas asiduos colaboradores de la columna se encontraba Alberto Donadío, un estudiante de derecho de Medellin, experto en legislacion de recursos naturales y acceso a documentos.
Despues de una prolongada amistad, Samper invitó a Donadio a trabajar en equipo. Ambos eran abogados de profesion y periodistas de oficio cuando, en 1977, iniciaron la Unidad Investigativa del diario “El Tiempo”.
Durante mas de 10 años, ese equipo, que despues creciò y se diversificò, publico casi 200 informes en torno a las mas variadas e indignantes expresiones de la corrupcion de ese pais.
El primer articulo de Samper y Donadio, publicado en 1977, causó un gran revuelo en Colombia: Los reporteros descubrieron graves indicios de que el entonces ministro de obras públicas favoreció a su mejor amigo en la adjudicación de contratos correspondientes a licitaciones publicas.
Pese a que la opinion publica solicitaba la renuncia del ministro, el funcionario se negaba a renunciar. La Comision de Acusaciones de la Camara denuncio la conducta administrativa del ministro. Pero la Justicia suele ser lenta en America Latina. Cuatro años despues, en votacion dividida e influenciada por fidelidades politicas, la camara resolvió absolverlo.
Los articulos no lograban lo que la gente esperaba, pero dieron reconocimiento a la unidad investigativa a nivel nacional.
De este modo, la correspondencia a la seccion comenzo a hacerse muy fluida: todos se quejaban y presentaban denuncias. ciudadanos decepcionados con la impunidad o la lentitud de la justicia, amas de casa que se sentian engañadas en sus derechos del consumidor o politicos que querian arruinar a su adversario revelando episodios oscuros de su pasado.
El periodista Gerardo Reyes ingreso a la unidad en 1981 y se hizo cargo de las investigaciones del Congreso.
Eran varias las prioridades que tenia en cuenta el trio formado por Samper-Donadio y Reyes.
En principio, considerabas las probabilidades economicas y logísticas del proyecto investigativo y la gravedad de las irregularidades.
Si en las primeras averiguaciones detectaban que alguien estaba interesado en ocultar lo que buscaban, ese solo sìntoma era suficiente para seguir adelante. Solo hablaban con su editor sobre lo que estaban investigando cuando tenian buenas razones para convencerlos de que valia la pena continuar.
Un alto promedio de las investigaciones moria a mitad de camino o al final del camino, casi siempre por falta de pruebas. Muchas se archivaban incluso en la ultima etapa, luego de que las personas comprometidas desmentían las acusaciones con argumentos convincentes.
Fue siempre una regla de oro de esa unidad investigativa entrevistar antes de publicar las informaciones a quienes estaban directamente involucrados y darles la oportunidad de defenderse.
En Latinoamerica, la mayoria de las investigaciones se lleva a cabo sin entrevistar al involucrado o responsable por lo que se denuncia. Esta entrevista se llama “prueba de Fuego” y casi nadie la realiza. Pero estos periodistas jamas las obviaron.
En el año 1977, el periodista colombiano Daniel Samper se encontraba realizando un estudio de postgrado en Estados Unidos.
Contagiado por la fiebre que habia despertado el escandalo del caso Watergate, Samper pensó que en su Colombia natal bien podía desarrollarse una prensa como la norteamericana: independiente, critica e investigativa.
Lo que decía Samper por entonces era lo siguiente: “Los colombianos estan buscando a alguien para que escuche las denuncias sobre la corrupcion que se ve todos los dias”.
Samper, por ese entonces, era corresponsal de “El Tiempo”, el diario más importante de Bogotá y escribía para ese diario una columna que se llamaba “El Reloj”. En esa columna, el periodista podía hacer un comentario sobre los goles de su equipo de futbol, al mismo tiempo que se quejaba por las desfachateces de su gobierno.
Entre los mas asiduos colaboradores de la columna se encontraba Alberto Donadío, un estudiante de derecho de Medellin, experto en legislacion de recursos naturales y acceso a documentos.
Despues de una prolongada amistad, Samper invitó a Donadio a trabajar en equipo. Ambos eran abogados de profesion y periodistas de oficio cuando, en 1977, iniciaron la Unidad Investigativa del diario “El Tiempo”.
Durante mas de 10 años, ese equipo, que despues creciò y se diversificò, publico casi 200 informes en torno a las mas variadas e indignantes expresiones de la corrupcion de ese pais.
El primer articulo de Samper y Donadio, publicado en 1977, causó un gran revuelo en Colombia: Los reporteros descubrieron graves indicios de que el entonces ministro de obras públicas favoreció a su mejor amigo en la adjudicación de contratos correspondientes a licitaciones publicas.
Pese a que la opinion publica solicitaba la renuncia del ministro, el funcionario se negaba a renunciar. La Comision de Acusaciones de la Camara denuncio la conducta administrativa del ministro. Pero la Justicia suele ser lenta en America Latina. Cuatro años despues, en votacion dividida e influenciada por fidelidades politicas, la camara resolvió absolverlo.
Los articulos no lograban lo que la gente esperaba, pero dieron reconocimiento a la unidad investigativa a nivel nacional.
De este modo, la correspondencia a la seccion comenzo a hacerse muy fluida: todos se quejaban y presentaban denuncias. ciudadanos decepcionados con la impunidad o la lentitud de la justicia, amas de casa que se sentian engañadas en sus derechos del consumidor o politicos que querian arruinar a su adversario revelando episodios oscuros de su pasado.
El periodista Gerardo Reyes ingreso a la unidad en 1981 y se hizo cargo de las investigaciones del Congreso.
Eran varias las prioridades que tenia en cuenta el trio formado por Samper-Donadio y Reyes.
En principio, considerabas las probabilidades economicas y logísticas del proyecto investigativo y la gravedad de las irregularidades.
Si en las primeras averiguaciones detectaban que alguien estaba interesado en ocultar lo que buscaban, ese solo sìntoma era suficiente para seguir adelante. Solo hablaban con su editor sobre lo que estaban investigando cuando tenian buenas razones para convencerlos de que valia la pena continuar.
Un alto promedio de las investigaciones moria a mitad de camino o al final del camino, casi siempre por falta de pruebas. Muchas se archivaban incluso en la ultima etapa, luego de que las personas comprometidas desmentían las acusaciones con argumentos convincentes.
Fue siempre una regla de oro de esa unidad investigativa entrevistar antes de publicar las informaciones a quienes estaban directamente involucrados y darles la oportunidad de defenderse.
En Latinoamerica, la mayoria de las investigaciones se lleva a cabo sin entrevistar al involucrado o responsable por lo que se denuncia. Esta entrevista se llama “prueba de Fuego” y casi nadie la realiza. Pero estos periodistas jamas las obviaron.
Los efectos de las publicaciones no fueron ideales.
En una evaluacion que hicieron Samper, Donadìo y Reyes al terminar la investigacion numero 100, en 1983, comprobaron que solo la mitad inducìa acciones de control o vigilancia del gobierno. La otra mitad quedaba en el limbo, entre la impunidad y la indiferencia.
En Colombia varios trabajos fueron premiados y la labor del equipo motivo la apertura de secciones similares en otros diarios latinoamericanos.
En 1988, a pocos meses de haber regresado de España, en viaje de trabajo, Samper recibió varias amenazas de muerte.
Las amenazas se produjeron luego de publicar en su columna informacion que comprometia al ministro de justicia en la importacion ilegal de un automóvil de lujo.
El ministro renuncio, pero dado el tenor de las amenazas y la inseguridad reinante en Colombia, Samper tuvo que dejar el pais a los pocos dias.
Desde entonces esta trabajando en la revista “Cambio 16” de España. Donadío habia renunciado a la unidad un año antes. Solo quedaba Gerardo Reyes, quien se convencio rapidamente que era imposible ejercer la reportería investigativa sin heroismos en un país como Colombia, en el que los periodistas han sido asesinados por decenas.
Reyes, aceptó una propuesta para trabajar en “El Nuevo Herald” de Miami, un mes despues de la intempestiva salida de Samper.
Allí sigue. La unidad investigativa se clausuro en 1990 por razones de seguridad.
-----------------------------------------------------------------------------
De una encuesta realizada por Gerardo Reyes durante el Seminario de Periodismo Investigativo en Chile, 1993.
Obstaculos mencionados por casi 200 periodistas investigadores.
1) Son muy pocos los periodistas latinoamericanos que no han experimentado la desagradable decepcion de regresar de la oficina de su editor con la orden de suspender una investigacion. (Distincion, consejo editor norteamericano, pluralista, votacion), genesis del diario latinoamericano.-
2) La situacion economica de muchos diarios, especificamente los de provincia, no les permite darse el lujo de asignar a un periodista y menos a un grupo, la tarea exclusiva de investigar y producir una informacion una o dos veces al mes.
La queja mas frecuente de los editores es la falta de personal y el exceso de fuentes en manos de una o dos personas. De allí que cuando un reportero se presenta con un proyecto de investigación, sus probabilidades de obtener un visto bueno son escasas.
Separar temporalmente al redactor de sus tareas diarias significa para la empresa una de tres opciones:
--Nombrar un reemplazo, generalmente con menos experiencia.
--Descuidar por un tiempo el campo que cubre el reportero.
--Doblar el trabajo de otros.
3) El tercer obstaculo, y acaso uno de los mas severos, es la dificultad de acceder a documentos publicos.
Obtener acceso legalmente a los archivos del gobierno se ha convertido en una proeza para los periodistas latinoamericanos.
Una de las principales causas de este problema es que muchos gobiernos han esquivado la reglamentacion del derecho de peticion, consagrado en casi todas las constituciones latinoamericanas.
El de peticiòn es un derecho que tienen los ciudadanos de solicitar respetuosamente informacion y explicaciones a sus gobernantes. Es un derecho que implica la obligacion de los funcionarios de responder en un periodo determinado.
En los paises en donde se ejerce, ha resultado ser un efectivo instrumento jurìdico para los periodistas investigadores.
4) Muchos periodistas latinoamericanos trabajan para un medio y al mismo tiempo para una entidad del gobierno. Este compromiso laboral limita su libertad de cuestionar las actividades gubernamental.
Lidiar con estos invonvenientes no es facil.
¿Que ha hecho la mayoria de los periodistas en America Latina?
A juzgar por los resultados de esa encuesta, los periodistas han escogido la opcion mas practica, pero no exenta de riesgos. La opcion es tratar de publicar lo que se pueda, cuando se puede y bajo la idea de que es mejor que algo se sepa a que no se sepa nada.
No es que esta postura no tenga validez, dado que en la practica es muy real. Ocurre que es observable por cuanto plantea una situacion de injusticia: “algunas cosas se inverstigan -otras no”, entonces el riesgo que corre el periodista es que sus enemigos (o sus fuentes, que es peor), lo acusen de favorecer los intereses de quienes jamás son investigados.
En una evaluacion que hicieron Samper, Donadìo y Reyes al terminar la investigacion numero 100, en 1983, comprobaron que solo la mitad inducìa acciones de control o vigilancia del gobierno. La otra mitad quedaba en el limbo, entre la impunidad y la indiferencia.
En Colombia varios trabajos fueron premiados y la labor del equipo motivo la apertura de secciones similares en otros diarios latinoamericanos.
En 1988, a pocos meses de haber regresado de España, en viaje de trabajo, Samper recibió varias amenazas de muerte.
Las amenazas se produjeron luego de publicar en su columna informacion que comprometia al ministro de justicia en la importacion ilegal de un automóvil de lujo.
El ministro renuncio, pero dado el tenor de las amenazas y la inseguridad reinante en Colombia, Samper tuvo que dejar el pais a los pocos dias.
Desde entonces esta trabajando en la revista “Cambio 16” de España. Donadío habia renunciado a la unidad un año antes. Solo quedaba Gerardo Reyes, quien se convencio rapidamente que era imposible ejercer la reportería investigativa sin heroismos en un país como Colombia, en el que los periodistas han sido asesinados por decenas.
Reyes, aceptó una propuesta para trabajar en “El Nuevo Herald” de Miami, un mes despues de la intempestiva salida de Samper.
Allí sigue. La unidad investigativa se clausuro en 1990 por razones de seguridad.
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De una encuesta realizada por Gerardo Reyes durante el Seminario de Periodismo Investigativo en Chile, 1993.
Obstaculos mencionados por casi 200 periodistas investigadores.
1) Son muy pocos los periodistas latinoamericanos que no han experimentado la desagradable decepcion de regresar de la oficina de su editor con la orden de suspender una investigacion. (Distincion, consejo editor norteamericano, pluralista, votacion), genesis del diario latinoamericano.-
2) La situacion economica de muchos diarios, especificamente los de provincia, no les permite darse el lujo de asignar a un periodista y menos a un grupo, la tarea exclusiva de investigar y producir una informacion una o dos veces al mes.
La queja mas frecuente de los editores es la falta de personal y el exceso de fuentes en manos de una o dos personas. De allí que cuando un reportero se presenta con un proyecto de investigación, sus probabilidades de obtener un visto bueno son escasas.
Separar temporalmente al redactor de sus tareas diarias significa para la empresa una de tres opciones:
--Nombrar un reemplazo, generalmente con menos experiencia.
--Descuidar por un tiempo el campo que cubre el reportero.
--Doblar el trabajo de otros.
3) El tercer obstaculo, y acaso uno de los mas severos, es la dificultad de acceder a documentos publicos.
Obtener acceso legalmente a los archivos del gobierno se ha convertido en una proeza para los periodistas latinoamericanos.
Una de las principales causas de este problema es que muchos gobiernos han esquivado la reglamentacion del derecho de peticion, consagrado en casi todas las constituciones latinoamericanas.
El de peticiòn es un derecho que tienen los ciudadanos de solicitar respetuosamente informacion y explicaciones a sus gobernantes. Es un derecho que implica la obligacion de los funcionarios de responder en un periodo determinado.
En los paises en donde se ejerce, ha resultado ser un efectivo instrumento jurìdico para los periodistas investigadores.
4) Muchos periodistas latinoamericanos trabajan para un medio y al mismo tiempo para una entidad del gobierno. Este compromiso laboral limita su libertad de cuestionar las actividades gubernamental.
Lidiar con estos invonvenientes no es facil.
¿Que ha hecho la mayoria de los periodistas en America Latina?
A juzgar por los resultados de esa encuesta, los periodistas han escogido la opcion mas practica, pero no exenta de riesgos. La opcion es tratar de publicar lo que se pueda, cuando se puede y bajo la idea de que es mejor que algo se sepa a que no se sepa nada.
No es que esta postura no tenga validez, dado que en la practica es muy real. Ocurre que es observable por cuanto plantea una situacion de injusticia: “algunas cosas se inverstigan -otras no”, entonces el riesgo que corre el periodista es que sus enemigos (o sus fuentes, que es peor), lo acusen de favorecer los intereses de quienes jamás son investigados.